Todo lo que comemos le cuesta algo al planeta. Se necesita tierra para cultivos y ganado, insumos para hacerlos crecer y energía para todo lo restante. Reducir la huella de la dieta de la humanidad será el desafío de conservación más arduo del siglo XXI. En última instancia, la electricidad y el transporte serán 100% renovables, pero no hay manera de reemplazar a los alimentos; siempre tendrán costos. El desafío será alimentar a la creciente población de la Tierra y, al mismo tiempo, minimizar los impactos.
En este sitio hemos hecho una crónica del desafío de alimentar al mundo en los últimos años, estudiando cómo encajan en todo esto los alimentos marinos desde la ciencia y la matemática. Ahora un nuevo artículo ha adoptado un enfoque novedoso y emocionante sobre la dicotomía entre alimento y conservación. Mientras que la mayoría de la investigación ha medido el impacto ambiental por unidad de proteína o caloría, Koehn et al. 2022 en The role of seafood in sustainable diets (El rol de los alimentos marinos en las dietas sostenibles), publicado la semana pasada en IOP Science (libre acceso), miden el impacto ambiental versus la nutrición, es decir, ¿qué tanto impacto tiene un alimento comparado con los nutrientes que otorga? Es el primer artículo en cuantificar los impactos ambientales y compararlos con la nutrición, ofreciendo una mirada más amplia y completa que la medición de calorías o proteínas.
Comparar la relación entre la nutrición y el impacto de varios alimentos de origen terrestre es bastante sencillo, principalmente para carnes: solo hay pocas especies de ganado criadas para el consumo humano. Con los alimentos marinos es distinto: hay cientos de especies diferentes que los humanos comen, todas con distintos perfiles e impactos. Koehn et al. 2022 ayuda a determinar qué tipo de alimentos marinos pueden ser incorporados en una dieta de bajo impacto.
¿Cómo medir el impacto ambiental de los alimentos?
Los estudios más completos de alimentos (o de cualquier producto) son los llamados análisis de ciclo de vida (ACV). Estos análisis hacen un seguimiento del uso de recursos de un producto desde su origen hasta el consumidor final. Para alimentos, esto generalmente implica el estudio de una cadena de suministros compleja: desde insumos pasando por uso de energía, procesamiento, empaquetamiento y hasta desechos alimenticios. Los impactos son estandarizados usualmente a equivalentes de CO2 para medir el impacto en el cambio climático, a pesar de que otros impactos ambientales pueden ser cuantificados, como SO2 para medir impactos en la contaminación o PO4 para medir el potencial de contaminación del agua por vertidos.
En 2018, Poore y Nemecek compilaron una base de datos de ACV que estandarizó la discusión mundial sobre los alimentos y sus impactos. Por ejemplo, Our World in Data (Nuestro mundo en datos) usa la base de datos de Poore y Nemecek para crear su visualización Environmental Impacts of Food Production (Impactos ambientales de la producción alimenticia). Más recientemente, The Lancet presentó una dieta de «salud planetaria» que busca el balance entre el impacto ambiental y el cumplimiento de los requisitos nutricionales. La dieta de The Lancet concluye que es mejor una dieta mayoritariamente basada en alimentos de origen terrestre con algunos alimentos marinos y avícolas. Sin embargo, tanto The Lancet como Poore y Nemecek no evalúan otros alimentos marinos más allá de las categorías de peces y crustáceos.
Tan solo una semana después que Poore y Nemecek publicaran la base de datos de ACV, Hilborn et al. 2018 publicaron una base de datos de ACV para alimentos marinos similar. Ahora Koehn et al. 2022 se basan en ese trabajo para ver cómo se pueden incluir los distintos tipos de alimentos marinos en una dieta saludable para el planeta.
Koehn et al. 2022 compilaron ACV de varios alimentos marinos para medir emisiones de gas de efecto invernadero como medida principal de impacto ambiental. Sin embargo, los investigadores tuvieron que dilucidar una manera de dar un puntaje a la calidad nutricional, o la densidad de nutrientes, en un alimento. Propusieron un índice de riqueza nutricional basandose en un grupo de nutrientes estandarizados que otorga un puntaje para un alimento según qué tan nutritivo sea. Finalmente, consideraron 12 nutrientes:
Macronutrientes
· Proteína
· Fibra
Vitaminas
· Vitamina A
· Tiamina
· Riboflavina
· Folato
Minerales
· Zinc
· Magnesio
· Potasio
· Calcio
· Hierro
Categoría especial
· Omega 3s DHA + EPA
A continuación se muestra la figura 1 del artículo en la cual se puede ver la riqueza nutricional para todos los alimentos. La figura se puede considerar como una clasificación ordenada de alimentos saludables.
El siguiente desafío fue dilucidar una manera de comparar la nutrición con las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Decidieron utilizar una tasa de nutrición por GEI, con tasas «calculadas como impacto por índice compuesto de riqueza nutricional y por nutriente individual».
Aquí se muestran los resultados de impacto por nutrición; nótese que los valores de impacto GEI están en una escala logarítmica.


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El primer autor Zach Koehn dijo: “La diversidad es importante al considerar cómo se puede cumplir con las necesidades nutricionales a la vez que se limitan las emisiones de GEI. Para alimentos acuáticos, algunos tienen emisiones que son tan bajas por riqueza de nutriente como las plantas, mientras otros tienen emisiones tan altas como las de la carne de res.»
Se encontró que los pelágicos pequeños (sardinas y anchoas), los grandes (atunes y peces de pico) y alimentos marinos de cultivo como carpas, bivalvos y salmones tienen menor impacto que otros alimentos animales. Casi todos los productos alimenticios marinos estudiados tuvieron menor impacto que la carne de cerdo, cordero y res, excepto camarones y crustáceos como la langosta y el cangrejo.
Vale mencionar que el análisis de Koehn et al. 2022 se completó antes de que se pudieran incluir dos estudios recientes de ACV sobre el abadejo de Alaska y el salmón, los cuales sugieren que esas especies también son opciones de bajo impacto.
Los crustáceos y camarones capturados en vida libre requieren el uso de mucho combustible y no son tan nutritivos como otros tipos de alimentos marinos. Los camarones en general se capturan por arrastre de fondo o dragado, requiriendose mucha más potencia para dragar una red por el barro y la arena que para hacerlo por el agua. En el caso de cangrejos y langostas, el uso adicional de combustible se atribuye al reiterado prendido y apagado de motores para colocar las trampas y colectarlas.
Las emisiones GEI del cultivo de camarones proviene principalmente del cambio en el uso de la tierra. Lamentablemente, en muchos países tropicales se arrasaron manglares para dar lugar a estanques de camarones.
En la figura que se muestra a continuación, los autores presentaron los mejores y peores alimentos terrestres y acuáticos por nutriente.

Los alimentos marinos, con toda su diversidad, merecen un lugar en al mesa al discutir sobre dietas saludables para el planeta. Con datos más refinados sobre los impactos de diferentes especies de alimentos marinos, los responsables políticos y las organizaciones defensoras pueden dar forma a políticas y campañas para que las dietas se aparten de la carne de res, cordero, cerdo y camarones, hacia proteínas de menor impacto como las provenientes de aves y de la mayoría de los restantes alimentos marinos.
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Normal 0 false false false EN-US X-NONE X-NONE /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Table Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-priority:99; mso-style-qformat:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0in 5.4pt 0in 5.4pt; mso-para-margin:0in; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:12.0pt; font-family:"Calibri","sans-serif"; mso-ascii-font-family:Calibri; mso-ascii-theme-font:minor-latin; mso-hansi-font-family:Calibri; mso-hansi-theme-font:minor-latin;}Los resultados dejan en claro que no todos los alimentos marinos son iguales respecto a sus impactos ambientales y riqueza de nutrientes. La diversidad de grupos de especies y sistemas de producción debería ser más reconocida en futuras investigaciones y en la toma de decisiones sobre selección de sistemas de producción alimenticia que minimicen impactos ambientales y maximicen aportes a la seguridad alimenticia así como resultados nutricionales.
Max Mossler
Max is the managing editor at Sustainable Fisheries UW.



